“Cine de la cotidianeidad” amb en Mohamed Zran

I seguim amb “Cine de la cotidianeidad” ressenya de la pel.lícula més aplaudida de la sisena Mostra, “Vivre ici” i entrevista amb el seu director Mohamed Zran. Per Pilar Comín, d’www.aish.es.

Cine de la cotidianeidad

Escrito por Pilar Comín Sebastián Domingo 25 de Noviembre de 2012

Vivre ici (Zarzis). Dirección: Mohammed Zran. Producción: Túnez (2009). Duración: 124 min.

Cualquiera que se siente en una plaza de una ciudad pequeña verá la vida pasar, además, sin esperar mucho. Pero si se observa durante el tiempo suficiente y la cámara se mueve a unos pocos lugares más, es posible documentar una sociedad.

Que la película no tiene guión, ni previo ni posterior, es evidente, y, sin embargo, la cinta presenta una historia coherente y bien trabada. El director tenía unas 200 horas de película registradas a los largo de un año, que no debió de ser fácil reducir al metraje actual en la sala de montaje, ya que cada una de esas personas se convierte en un personaje rico e intenso en el mismo instante en que aparecen. Simon es judío y regenta una tienda que por su apariencia debía de estar allí antes de que se inventaran las tiendas y actúa como centro neurálgico del barrio. Mientras, Bashir, el taxista recorre la ciudad y escucha todo lo que los clientes quieran decirle y el vendedor de bisutería en la playa persigue italianos a los que venderles abalorios de colores ensartados en hilo de pescar. En la misma playa un muchacho encuentra en una alemana madura la manera de salir de un lugar en el que no quiere estar. Son muchos, y muy jóvenes, los que quieren irse, porque el futuro para ellos es negro. Lo dice Tahar, el maestro lúcido y entregado a transmitir a los chavales el ansía de saber: «Solo hay viejos en el poder, porque defienden la gerontocracia». Hay también un pintor desquiciado, Hadi, que ha visto otra vida y ahora se resigna a base de vivir en una realidad paralela que no parece molestar a nadie.

Otro personaje emblemático, casi metafórico es Fatma, que se gana la vida preparando las bodas y sus festejos, y aunque siempre tiene trabajo, se queja de que ahora la gente quiere casarse en un solo día para ahorrarse gastos. Va hablando con unas y otras mujeres mientras prepara la alheña, los vestidos, el maquillaje, y comenta que de un tiempo a esta parte todas se cubren la cabeza para casarse; es evidente que estas mujeres que centran su atención en el matrimonio y acuden a remedios supersticiosos no serán nunca las que protagonizaban el film Militantes, pero conforman un país, y se equivocará quien llevado por las imágenes televisadas crea que son una excepción folclórica; por el contrario, son la vida real; también. Zarzís, como todo Túnez, como buen aparte del mundo árabe es un pulso constante entre tradición y modernidad, entre la cultura propia y la occidentalización, entre el deseo de irse y la querencia por vivir ahí.

Simon murió poco despué de estrenarse la película, y es una lástima, porque hacia el final de la película, cuando todos los personajes son familiares y las imágenes ya no añaden nada, el espectador se siente metido en la cotidianeidad de Zarzís y piensa que en cuanto salga irá a la tienda de Simon a comprar té y almendras para llevarlas a casa de Tahar y que el maestro le explique su visión del mundo y de la sociedad, por el placer de oírlo hablar, un tarde cualquiera. Sospecho que a pesar de la revolución, las tardes no han cambiado mucho en Zarzís.

ENTREVISTA

El título de la película es distinto en francés que en el original.

MZ: No me molesta poner un nombre en árabe y otro en francés. Vivre ici es más expresivo en francés. A mucha gente el nombre de la ciudad no le dice nada, Zarzís. Además, los franceses dicen Jarjis, pero es con zay.

¿Seguías a la gente con la cámara para rodar?

MZ: No, no. Yo me apostaba en un sitio y esperaba a que pasaran cosas. Yo creo una energía en el espacio, reto a la energía. Todo el trabajo consiste en dar y recibir, como si sembraras una planta y esperaras a ver cómo crece. Te plantas allí y esperas a ver cómo se acerca y qué hace. Por ejemplo en la playa me paseo y sigo a los personajes a ver qué hacen. Ellos seguían trabajando y olvidaban que existía la cámara.

¿Ellos han visto la película?

MZ: Sí, sí y estaban muy contentos. Organizamos el preestreno en Zarzís e hice ir un avión lleno de periodistas, el vuelo de Túnez a Yerba estaba lleno de televisiones, periódicos, etc. pagados por mi patrocinador.

Hay un momento en la película que se ve a los hinchas en un partido de fútbol gritando y a continuación hay una imagen de la oración, la misma masa, entregada sendas actividades comunales en la que no hay discrepancias.

MZ: Ben Alí no dejó nada. Toda la libertad era ir al fútbol; no había otra cosa para entretenerse más que el fútbol, y el resultado es el integrismo. Ahora tras la revolución lo vemos [la película se rodó en el 2009]. Pero cuando rodé n el estadio la cosa fue así; al salir se fueron a la mezquita, y allí no querían que los filmara.

El partido de fútbol tiene otra metáfora: los nombres de los equipos, L’Esperance, de Zarzís, contra Le Future, de Marsa. ¿Gana la esperanza o el futuro?

MZ: Esperemos que no haya que elegir. Lo cierto es que son los nombres reales de los equipos.

En otro momento Fatma, la mujer que prepara las bodas, dice «Saldremos en Al-Yazira». ¿Querías decir algo de los medios de comunicación? Hay gente que solo ha oído hablar del mundo árabe a través de Al-Yazira. Ese canal de televisión ha puesto el mundo árabe ante los ojos del resto del mundo.

MZ: La información con Ben Alí, y con todos los dictadores, estaba bloqueada. Solo se podían ver los canales extranjeros, pero la gente al mirar los canales de la parabólica no veía nada de sus vidas; estaban conectados con otra realidad, no veían jamás su imagen en los medios. Eso crea un pueblo enfermo que no sabe quién es, que no conoce su imagen.
Al-Yazira es la gente del golfo. Tienen muchos medios y son lo que proyectan el mundo árabe en la escena internacional y fidelizan al público a falta de una programación local. Es cierto que Al-Yazira y Al-Arabiya ayudaron a precipitar la caída de Mubarak y la huida de Ben Ali. La paradoja es que son seguidos en todo el mundo pero en cuanto a la alternativa democrática de los países donde están no hacen nada por mostrar un cambio en sus países, por el contrario sirven a los islamistas. Y eso mismo han hecho en Túnez y en Egipto. Quien hizo campaña en Túnez por Ennahda, los islamistas, fue Al-Yazira; todos los días había dos o tres islamistas en esa cadena que hablaban y hablaban. Ahora la libertad de prensa en Túnez es fuerte y los tunecinos ven la televisión tunecina porque quieren saber qué pasa en su país. Pocos ven Al-Yazira, porque ha perdido la credibilidad.

Pero lo cierto es que Ennahda ha ganado las elecciones. ¿Por qué?

MZ: En parte gracias a canales como Al-Yazira y Al-arabiya, que son islamistas, y también porque Ben Alí no ha dejado alternativas; marginalizó los partidos y prácticamente no había oposición. El voto a Ennhada es en gran parte un voto contestatario, pero eso no quiere decir que los tunecinos sean islamistas. Hay que esperar a las próximas elecciones para ver qué es el país realmente, pero están perdiendo mucha aceptación popular.

¿Es posible que nos hayamos dejado obnubilar por las manifestaciones; también en Egipto? Tahrir no es todo Egipto ni todo Túnez se concentra en la avenida Burguiba. La gente del medio rural quizá no esté en la misma línea de desear la libertad.

MZ: En Túnez, es precisamente la gente con menos formación, los parados y los campesinos, los que marcharon a pie para plantarse ante el Gobierno y decirle que se largara. Y cuando Ganuchi mandó que los atacaran con gases, volvieron; los jóvenes volvieron una y otra vez.

En tu película se nombra varias veces a un joven de Zarzís que se suicidó porque no obtuvo el visado para marcharse y otros personajes dicen que lo que quiere hacer todo el mundo es irse. Y ¿qué va a hacer esa juventud ahora?

MZ: La película se rodó dos años antes de la revolución. Lo que se ve en ella es la razón de la revolución. Una región desheredada, una juventud abandonada, un futuro bloqueado, Europa bloqueada, las fronteras bloqueadas… Así que en el Mediterráneo sur la juventud está asfixiada. La relación sur-norte está bloqueada en esa dirección, en la otra, de norte a sur, todo es libre, está permitido el comercio, hacer negocios, el turismo. En la película ves esa mujer alemana que llega a Zarzís y se instala. El chico tunecino quiere ir a Europa pero no tiene nada que hacer; así que su solución es ligarse a la alemana; una mujer a quien en Europa no mira nadie; y esa relación ejemplifica la relación norte-sur. Es triste; el prácticamente se prostituye.

Pero el personaje clave de la película es Simon.


MZ:
 Simon es un judío de Zarzís. Yo quería hacer de su tienda el eje de la película. Todos los personajes pasan por allí y él me ayudó mucho a ver lo que pasaba, sobre todo, a ver que es posible que culturas y religiones diferentes vivan en el mismo espacio. Yo quería hacer de la tienda de Simon un símbolo, una metáfora. En Zarzís hay una pequeña comunidad judía. Algunos judíos han sido manipulados; incluso el Estado de Israel ha fabricado el problema para hacerlos salir del mundo árabe y llevarlos a Israel, para beneficio del propio Estado israelí. Pero entre la gente no hay problemas. Viven y comercian juntos. Simon es el conservador de la memoria de los remedios populares y de las hierbas que se usan en los casamientos; él los prepara y la gente va a su tienda a comprar todo lo que necesita para las bodas. No puedo hablar en primera persona de la violencia en Israel o Iraq, pero Zarzís es la respuesta a cómo vivir con los otros.

Él es tremendamente comprensivo. Dice «Los libios creen que los judíos son monstruos porque no han visto ninguno; pero cuando me conocen ya se dan cuenta de que no somos monstruos». Hay un momento que se le ve como una actividad más de su vida, en una sinagoga, que parece la de la Griba, en Yerba ¿o hay más?

MZ: No, no hay ninguna más; es la de Yerba. Y también aparece una mujer libia que le dice que por qué no se va a su país y el responde: «Este es mi país». Y lo es. Zarzís es el ejemplo de que se pueed aceptar al otro, pero no sabemos cómo se hace.

Un personaje magnífico de la película es Tahar, el maestro, que plantea algunas soluciones cargadas de sentido. Hay un momento que dice «Si en cada embajada hicieran una universidad se acabaría el analfabetismo». Hay una generación de tunecinos que depositaron toda la confianza de progreso en la educación ¿no?

MZ: Tahar es muy conocido en el pueblo, y se dice que si estudias dos años con Tahar apruebas el bachillerato seguro. Él está siempre investigando, buscando en las contradicciones, reflexionando e impulsando el aprendizaje. Ama la tierra, el medio donde viver, y tiene, además, un sentido de que el ser humano pertenece al universo.

Cuando pasea por el mercado tiene algunas frases memorables. Al ver un puesto donde se venden todo tipo de cosas europeas usadas, dice «Los ecologistas deberían pagaros por hacer esto».

MZ: Sí, toda la basura va a África, coches, ropa, electrodomésticos, y allí no se sabe qué hacer con los restos. El reciclaje no ha llegado.

Y ante el puesto de zapatos dice: «Nike, Adidas, ¿no hay zapatos que se llamen Alí o Muhammad?».

MZ: Claro, llama la atención a que no hay nada local. Es la identidad perdida, y la economía también. La lucidez de Tahar es simple y profunda. Tengo pensado hace una película sobre él porque tengo mucho material rodado y vale la pena verlo en la situación actual, después de la revolución. Es magnífico verlo dar clase en su casa. Al salir de la escuela los chavales no quieren ir a casa de Tahar no a las suyas.
También representa esa posibilidad de vivir con gente diferente. Él y su mujer son espíritus que no tienen nada que ver, pero viven juntos en el amor de ese té con almendras que ella prepara y toman juntos en la terraza.

¿Se puede hablar de cine árabe, de una identidad común que establezca esa categoría?

MZ: Quizá hasta hace poco el cine que venía de Palestina, Iraq, en general de Oriente Próximo, era un cine de sufrimiento. Ahora empieza a verse un cine con cierto aire de libertad, aunque hay que decir que hay un problema grave de intentar atentar contra la libertad de expresión por parte de los islamistas. Ocurre en Túnez y también en Egipto, tanto los artistas, como los intelectuales como la prensa son atacados por los salafistas, así que la libertad de crear y escribir está amenazada a pesar de la apariencia de libertad. El poder margina los intelectuales, los artistas y los poetas, que deberían ser quienes iluminaran el camino de la revolución. Pero los políticos, sobre todo los islamistas, no han comprendido que la cultura puede ser un vector de progreso, de éxito de la transición democrática.

Quizá sí comprenden que los intelectuales y los artistas son el progreso y precisamente por eso quieren coartarlos.

MZ: Exacto, porque ellos están contra el progreso. Hay islamistas, y los salafistas que atacan todas las manifestaciones culturales, conciertos, teatro, exposiciones…, pero vamos a resistir porque creo que todo el mundo comprende que si se ataca eso echamos marcha atrás y hay una actitud vigilante. Hay que proteger los creadores. Yo tengo esperanza. Hay que combatir a esa gente que quiere que vayamos hacia atrás; esa gente existe, pero resistiremos. Tengo mucha confianza en las mujeres; en Túnez siempre han sido fuertes.

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